domingo, 21 de agosto de 2011

plug del sur

Querido Francisco:

Me temo que estas letras otra vez me condenan a la cobardía, maldita cobardía. El universo que se volvió inmenso abraza mi alma azulada. Del color del frío todo mi interno que ahora es externo, del color del miedo. Todavía no puedo entender cómo es que todas tus constelaciones cabían en mi recoveco de corazón maltrecho, ni cómo funcionan los subtes o la lógica de las paralelas y tangentes de las calles.
Ya ves, soy una completa inútil. Lo supiste desde aquella vez que me viste subir al colectivo tan torpemente que se me derrumbaron cada una de las monedas de diez centavos para mi pasaje. Alguna vez dijiste que me amabas toda, incluyendo mi total ineptitud. Te reías tanto al verme entrar al ascensor, siempre eligiendo el ángulo incorrecto para el ingreso de las otras personas. Me avergonzaba en lo más hondo de mi infierno ser tan obvia en mi estupidez. Me excusaba siempre. Al igual que ahora excuso mi amor.
Antes de despedirte, no puedo evitar recrear todos esos momentos en mi mente. Sabés quién soy más que nadie, sabés que sólo se nace en una tierra. En una carta que te envié hace un poco más de cuatro años te escribí que si hay sólo una oportunidad de existir entero en otra persona, ya la había agotado. Aunque me muerdan rabiosos los recuerdos, aunque el odio me hinche los ojos, aunque ¡todo lo que es posible en este mundo! Esos versos que me dictaron quizás Storni o Pizarnik son tan eternos como la materia y sus reacciones, o mejor dicho, el universo entero. Casi como una buena madre, te dejé anotados en ellos todas las respuestas a mi presencia y a mi ausencia.
Hace unos días, antes de tu súbita partida, tomé conciencia del hecho más espantoso: comprendí que la vida continúa a pesar de tu falta. Sé casi con certeza que en un par de años me casaré y tendré dos o tres hijos, y que quizás nombre a un varón Tomás. Pero sé también que en cualquier oportunidad de ausencia de realidad, mis ojos partirán al cielo a buscar los tuyos, que morderán aún más fuerte y más rabiosos que hoy en día.
Francisco, no hay que estar triste. ¿Acaso no es el amor atemporal lo que busca todo el mundo? Hay personas que incluso pasan toda su vida buscándolo y renegándolo. Quizá porque su verdadero amor era su búsqueda. También hay quienes viven toda una infeliz existencia con el ser equivocado. Quiero decir, deberíamos celebrar nuestro hallazgo que en este día nos despide: encontramos al complemento idóneo el uno en el otro para siempre.
No me queda más papel y tampoco me quedan más lágrimas. No me quiero olvidar de agradecerte por la llamada vespertina de la otra vez, me desprendieron la amargura que me trae el mes de mayo. ¡Qué mes tan espeluznante, se agrava de tragedias! Pero ya no quiero abrumarte ni robarte más tus horas. Sé que hace tiempo y frío, y que pronto tu micro al norte te llevará allí mismo: al Norte. Escuché que es un viaje largo, pero confío en tu confianza, y espero honestamente que a donde te lleven tus piernas sean sólo al camino de la felicidad. El destino me enraizó a mi maldita Buenos Aires y no sé hacia qué dirección ni hacia cuántos kilómetros me arrastrará la vida. Si tenemos suerte, será cerca tuyo.

No te olvido, Francisco


Roma
21/9/1970

2 comentarios:

  1. Se me cayó una lágrima y no la pude encontrar más. Me llegó especialmente porque sé que en dos años voy a estar en una situación muy similar, y evito pensar en ella todo el tiempo. Me sentí a mi misma escribiendo eso, por favor que pase lento el tiempo o que yo madure rápido.

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  2. Primero: muy lindo lo escrito.

    El ante último párrafo, el referido a que al menos encontraron el amor en el otro, a diferencia de las personas que lo buscan toda su vida y tienen la desdicha de no hallarlo.. a lo que voy es a lo siguiente, y que a veces es una pregunta recurrente en ciertos casos: ¿Hasta qué punto es preferible haber encontrado a alguien para después perderlo? Porque con el tiempo se conoce a otra persona, pero si la primera fue tan importante la comparación va a estar y tal vez no llegue a ocupar ese lugar, esa especie de vació, y a veces, incluso, se puede pasar a la categoría de quienes viven con alguien por el hecho de no estar solos y no son felices.

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