miércoles, 16 de marzo de 2011

suceso de colectivo

Los 18 años no vienen solos, e inesperadamente hoy me lo hizo notar la caída casi ineludible en el colectivo. Estaba sosteniéndome como podía de la parte superior del asiento individual situado delante mío cuando el colectivo hizo una maniobra extraña en la que mi cuerpo se torció demasiado para el lado derecho. Misteriosamente el hombre sentado en el asiento delantero giró a velocidad luz y me atajó de la cintura (hecho que me dolería segundos más tarde). Por un lado fue una suerte, porque de no haber existido tal reflejo, mi cuerpo hubiera ido de lleno al piso de goma con toda mi mitad derecha con él. Pero este acto solidario no iba a ser gratuito. Mientras intentaba balbusear algunas palabras entre la incomodidad de la situación y mis cachetes rojísimos, ocurrió la siguiente small talk:
Eugenia: -Perdón, perdón... (risa nerviosa)
Mr.: -No pasa nada, ¿Querés sentarte acá a upa mío? (mostrando sus piernas, con un gesto facial lo suficientemente pervertido)
Eugenia: -No, no... (risas más nerviosas y gesto de desagrado) perdón.


No, los 18 nunca vienen solos. Vienen con algunos viejos verdes de siempre.

3 comentarios:

  1. Terrible. Mis 18 vienen tranquilos en ese aspecto.
    Pero a mis 17 un cuarentón me invitó por la calle a tomar un café...

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  2. Cuando lei esto claramente el viejo que te atajo era Hugh Hefner xD

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  3. Qué asco boluda jaja.
    No entiendo cómo viejos así piensan en fijarse en pibas tan chicas, en serio. La falta de reflejos es una cagada.

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yo quiero saber...